Friday, March 30, 2007

Cada vez que una amiga quiere decir "menos mal!" dice "por fin!". Ella no nota la diferencia ni tampoco sabe distinguir cuándo conviene decir "por fin" o "menos mal", pero la verdad es que cuando lo dice, nos da mucha gracia. Así que, quizás como tributo a ella y a la amistad y a todo eso, diré que "por fin" recordé el usuario y la contraseña de esta cosa, tenía muchas ganas de escribir alguna tontera y me habría bajoneado aún más si no hubiese podido.

No es que ande deprimido ni con algún conflicto adolescente, lo que pasa es que ando medio desganado y no sé muy bien por qué. Puede que sea la universidad: voy sin ganas y todo es tan lineal que da lo mismo faltar y perderse alguna sorpresa vaga del mundo. La carrera está bien, los estudios, los profes y todo lo demás también, pero llevo cuatro años yendo y me costaría mucho diferenciar las "vivencias" de un año con otro. Quizás, lo único que ha cambiado es que hoy asumo sin reparos que mi vida universitaria es tan nula como casi todo en la vida. Lo que me gusta sí, es que no soy el único, hay varios más, quizás la mayoría, que se sienten como yo. Es más, me atrevería a decir que muchos de mi generación tienen la misma relación con lo universitario.

Es raro, pero con una amiga una vez conversábamos sobre las estrategias de las autoridades académicas por mantener una juventud anónima, eso de que no haya lugar para tomar algo o que las salas estén cerradas siempre cuando no haya clases, es como una forma de evitar que la gente use espacios comunes y converse de lo que sea. Al final, lo único que va quedando es Gómez Millas, pero ya se les vienen las cámaras y la vigilancia. Qué mierda.

Pero bueno, la cosa es que puede que sea la universidad como puede que no. En una de ésas es el clima, pero no creo porque hace tiempo quería que haga frío y lluviese; quería ponerme una parca y una bufanda y salir afuera junto a todos los demás que también andan con parcas y bufandas. La gente es buena con frío y se comunica más, aunque sea con una mirada te das cuenta que el otro te dice: "hace un frío de la puta madre". Es cosa de abrir bien los ojos y parar las antenas.

Quizás sea que terminé uno de los mejores libros que he leído. Y ya no quiero leer otro porque éste era tan bueno que no vale la pena continuar con otra historia. Pasa que cuando llegas al final de un cuento sientes que has perdido algo, puede que sea el "panorama de seguir con la historia". Es probable que no sea más que eso, pero el asunto es que uno va perdiendo esas cosas y las recupera ojeando las primeras lineas de otra, pero ese proceso es muy horrible como para hacerlo repetidas veces.

En fin, no sé por qué, pero la vida va bien por ahora. Quizás soy de esos caprichosos que no se conforman y no aprecian nada porque siempre han tenido todo, pero lo dudo. Lo cierto es que todo es llevadero, si no pregúntenle a ese hombre que no tiene piernas y en su skate se posa en Bandera con Alameda. Y sí, muchos tiran la esponja, pero el secreto está en llevar la cabeza bien puesta:

Saturday, December 09, 2006



A mí me gusta bailar. Lo que pasa es que me niego cuando no me siento del todo cómodo. No es que sea un desadaptado, pero para mí bailar es weviar, hacer el ridículo un rato. Y me gusta ridiculizarme cuando la cosa se da.
El otro día fui a una fiesta donde hubo bailoteos varios. Pude ver a un par de chicas que se movían sólo entre ellas, bailando y cantando en un código que sólo ellas manejan. Lo intenté descifrar y me atrevería a decir que lo comprendí, pero es difícil conocer las cosas a plenitud, sobre todo cuando se trata de chicas.
También vi a una pareja que lo que mejor hacía era bailar salsa y cumbia. Se movían excelentemente. Yo estaba echado en un sofá, para variar cansado y con un dolor de pies producto de usar zapatos sin plantillas. Los veía y era la encarnación misma del coqueteo entre el macho y la hembra. La mujer le acercaba la boca y se la quitaba, le movía el culo y luego se lo negaba. Él la esperaba no más, aunque también se movía bien, y no podría ahondar en lo que hacía el sujeto porque me centré más bien en la mujer.
Luego me fijé en un cabro que bailaba solo. Demostraba su gusto por el ritmo, probablemente si lo hubiese tenido habría coqueteado con más de una señorita, sobre todo en las cumbias y todo eso. Sí, porque hay mujeres que se fijan mucho en el baile. Hace un tiempo una compañera me dijo que el hombre que sabía bailar BIEN salsa, era capaz de hacer excelentemente cualquier otra cosa. Obviamente lo interpreté como correspondía. Concluir que el as de la salsa es el as del sexo me parecen algo tan raro como razonable.
En fin, yo soy del tipo que baila en grupo, riéndome e inventando algún paso adecuado para lo que se esté bailando. Por ejemplo: cuando toca bailar cumbia hago el paso del pool, que consiste en un rápido movimiento de caderas hacia la izquierda y los brazos a la derecha simulando un golpe con el taco, o también uno que es bien sound, ése que uno se pone la mano en la cara y la mueve como si fuese una cachetada; cuando toca bailar hip hop (el bueno, el antiguo, el pulento, no el charcha) hago el típico paso kriss kross, la maripoza, una parodia breicdans y una wea rara que consiste en mover los pies saltando y que forman un cuatro en el aire, algo así... no sabría explicarlo. Cuando suena electrónica muevo los brazos hacia arriba como los ravers. Cuando hay rock, el paso rolling stone; y cuando hay canciones que verdaderamente me gustan, me abstraigo y atino sólo a saltar.
Me gusta bailar, pero cuando hay risa de por medio, soltura e importa una mierda lo demás. Pero no por eso puedo considerarme un bailarín ni a los personajes de la fiesta. No, de esos sí que hay pocos. Olvidemos las academias. Los verdaderos bailarines son los que siempre disfrutan la música y la bailan sin importar la onda que impere en el entorno. Me parece que de esos sí que hay pocos, una vez vi a un demente bailando raramente en Av. Matta, no sabría describir muy bien cómo lo hacía, pero si no lo hacía igual al tipo del video, lo hacía mejor, por lo menos para mí.

P.D: Para ver el video hay que darle click al triangulito del play, no al cuadro porque si no se abre la pág. de you tube.

Saturday, December 02, 2006

Hablando de bicicletas, les presento a Jenny Hoyston:

Monday, November 06, 2006


Veamos: hoy es lunes y se supone que ayer por la mañana debía escribir sobre mi regreso al deporte. Me lo había propuesto el sábado en la tarde, cuando hacía un rato consolaba a un primo que sufría de problemas amorosos, pero eso es otro tema. Lo que puedo decir ahora es que me di cuenta de que no soy lo suficientemente invulnerable como para no hacer lo que el resto de la gente hace en internet: crear un blog, fotolog, flickr y cuánta cosa hay. Por lo menos me mantengo sin celular.

La cosa es que hace un tiempo me propuse dejar de ser víctima del sedentarismo que me envuelve no sólo a mí, sino a todo mi entorno y quizás al mundo entero. Por más que quisiera jugar una pichanga, nadie me acompañaría, pues hoy nadie corre; sólo la humanidad, quizás por eso es que se tropieza a cada rato, pero me parece que este punto también es otro tema.

Sin más, hace unas dos semanas, o tres, mi bicicleta estaba en mantenimiento para poder ser usada después de ocho años, no, perdón, nueve años. Luego de que el caballero hiciera su magia para centrar la rueda, arreglar los cambios, parchar las llantas y engrasar la cadena, mi bici estaría lista para recorrer por primera vez las calles de Santiago. Sí, porque cuando la montaba no salía de los pasajes de mi barrio, mis padres no me dejaban... era peligroso. Sin embargo ahora la cosa sería distinta, mis 21 años, mi más que incipiente barba y mi buen criterio me permitirían salir sin problemas de las rejas que separan el lugar donde vivo del canal que cruza esta comuna.

Pasaron días y la bicicleta estaba donde mismo había estado pero ahora se mostraba impecable. Al parecer, ni mi hermana y yo habíamos digerido la idea de volver a tenerla. Pero como el sedentarismo ahora era un vicio que pretendía erradicar, se me ocurrió salir en ella para ver a un amigo que vive en Providencia con Tobalaba. Igual lejos.

Agarré el discman, en mi mochila metí un chaleco y me guardé la uñeta en mi bolsillo trasero. De ñurdo, me costó ponerle play al Kid A, pero una vez que le apunté, mi viaje por fin comenzaba, con el antishock todo estaría bien.

El viaje duró 40 minutos más o menos, llegué a su casa cuando estaba sonando Idioteque. Se hizo muy largo y pesado: la vereda era dispareja y había que estar saltándolas a cada rato, en la calle las micros eran hostiles y me obligaban a tambalear en mi temerosa pedaleada, los semáfaros no me tocaron siempre verdes y los perros por momentos fueron una real amenaza. Me pude haber sentido un espaldamojada, pero habría sido injusto.

Tuve que quedarme a dormir, el cansancio era considerable. Escuchamos música, comimos sanguches, comparamos qué tan mala podía ser la dorada al lado de la báltica y le bolseé la cama a mi compañero, debía procurar tener un grato descanso.

Pero al otro día la mañana amenazaba chispiante, hacía frío, los muslos no dolían raramente. El Jero se fue a la Feria del Libro, y yo de nuevo ñurdo para darle play al discman. Sin desayunar comencé el pedaleo sufriendo del romadizo que me corría por lo fresco de la mañana. Tobalaba estaba cuesta arriba y las veredas de este lado eran tan disparejas como del otro, así que capeé el esfuerzo arrimándome a una minimaratón que me permitiría andar por las calles ajeno a la hostilidad de los conductores. Cada cierto rato aparecía un competidor y tras él otro y otra. Los pacos en cada esquina velaban por el orden en el asunto y yo seguía disminuyendo la distancia hacia el regreso.

Grecia con Tobalaba, el mismo disco pero ahora sonaba Morning Bell, ya que me había retrasado unos cinco minutos. Mi papá me pregunta cómo me fue, mi espalda ahora no la bañaba el sudor, sino el barro que me salpicó la rueda trasera. Le dije que todo estaba bien, que estuvo divertido y que estaba hambriento. Me preparé unas tostadas y un café con leche, tenía hambre, esa hambre de exhausto que hace mucho tiempo no tenía, porque tiempo ha pasado desde la última vez que nadé contracorriente, y es que he vuelto a sobreponerme a los vicios del entorno; bueno, aunque tenga un blog.

Ahora dejaré de fumar.